miércoles, febrero 01, 2006

Sobre la participacion democratica

Quisiera hacer una breve referencia a la importancia de la discusión de los asuntos políticos y de interés social. No puede existir una democracia real sin ella.

En este mundo moderno es demasiado fácil sentirnos seguros de vivir en democracia si verificamos sus formas externas (se vota por los mandatarios) y estas estan acompañadas de los rudimentos de un Estado de Derecho.

No quiero relativizar la importancia de estas cuestiones, poder votar por nuestros gobernantes y tener como garantía el imperio de la Ley son conquistas invaluables. Solo quiero destacar que la consecusión de una democracia formal y el reconocimiento de ciertas garantías básicas no satisfacen lo que yo llamaría el ideal democrático del autogobierno.

La democracia como forma de gobierno encierra una contradicción. El pueblo hace al mismo tiempo gobernante y gobernado, roles que son mutuamente excluyentes, salvo en la noción de "ser dueño de si mismo", de ser autónomo. En este punto una democracia perfecta tiende al ideal de la anarquía, no en el sentido de caos, desorden e imposición de la fuerza, sino en el sentido libertario de ausencia de dominación. La perfección democrática deja de ser una forma de gobierno y se convierte en un auto-gobierno muy cercano al no-gobierno.

Este auto-gobierno dista de nuestra democracia formal por múltiples razones, pero la que nos interesa resaltar en este artículo es la falta de interés de la población en los asuntos públicos. En su obra Estructura de la Esféra Pública, el filósofo aleman Jurgen Habermas señala algo que puede considerarse como un retroceso en la democratización: Los ciudadanos cada vez más toman un rol pasivo en inteligir lo que ocurre en la sociedad.

Somos sujetos pasivos de una democracia formal. No nos informamos, se nos informa. Las opiniones y las posturas vienen pre-empacadas "pre-packaged" como dicen los anglosajones. Vemos, oímos y vivimos vicariamente a través de los medios. Se dice que vivimos en una época en la que reina la ciencia, actividad basada en la experiencia, en el manejo riguroso de la evidencia, pero paradojicamente cada vez mas nos basamos en la opinión de autoridades, cada vez más sabemos lo que sabemos porque alguien con credibilidad nos lo dijo.

Esto dista de la disución activa que gestó el ideal democratico, y parece más bien un retroceso a la actividad cultural medioeval en cuanto ésta era dictada de un organismo central. Es un lugar común del discurso actual criticar la credulidad del religioso, pero somos incapaces de ver nuestra propia asombrosa credulidad a lo que dicen los medios masivos y los expertos de la intelligentsia. Esto se vuelve más grave si consideramos que hoy en día lo religioso se queda dentro de los márgenes de la vida privada, pero lo que dicen los medios de comunicacion y los expertos de la intelligentsia afecta a todos.

Mientras la verdad es distorsionada de forma crónica, los medios masivos de comunicación nos convencen de que a través de ellos llegamos a la verdad y refuerzan el estereotipo de que el consumidor de los medios es un hombre responsable y bien informado.

Participar de la vida pública de nuestra nación debe ser una de las obligaciones éticas más importantes y más urgentes del ciudadano moderno, no sea que nuestra democracia se vuelva únicamente la osamenta muerta de una tecnocracia excluyente, donde el velo de la (pseudo)cientificidad esconde decisiones abusivas de un poder tirano.

3 comentarios:

Marco Elizalde Jalil dijo...

Hay que enfatizar el control de los medios de comunicacion sobre la informacion que transmiten. Es necesario tomar consciencia de que todos los medios estan influenciados en gran medida por sus propios intereses. Asimismo, existen medios de comunicacion masiva que responden a intereses de sociedades de capital o de gobiernos de turno.

Ese mismo problema lo podemos extrapolar a la "Intelligentsia". Estos cientificos son asalariados ya sea de un gobierno o de una sociedad de capital. Cada vez en menor medida existen los "philosophes" (un intelectual sin lealtad a nada, excepto a su propia razón).

¿Qué podemos hacer si TODA la información que recibimos está contaminada? En principio nada. Simplemente saber que las noticias generalmente lo están. Pero al tener conciencia de esta "contaminación" podremos ir urgando en la información para poder obtener nuestra versión. La versión que satisfaga nuestras dudas.

¿Como hacemos esto? Precisamente a través de activa participación INTEGRAL en la democracia de nuestros país.

Hay que fomentar la participacion integral en la vida política de los ciudadanos. La pregunta final es ¿Cómo hacemos que el ciudadano común se interese por algo que no le atrae o que inclusive le repugna?

JoséMaría dijo...

Algo parecido a lo que MEJ dice pensaba, pero el problema en nuestro país es la prostitución de la democracia.

El ciudadano común no es que necesariamente no se interesa, sino que más bien, está premitadamente excluido, si partimos de la premisa de que el ciudadano común conoce, entiende y aprecia los valores democráticos (in locu parenthesis: ¿y si el ciudadano común es igual de malo que los que activamente participan en la "democracia"?).

Todo es parte de un círculo vicioso, en el que solo se puede entrar si se van a seguir los parámetros impuestos dentro del grupo (corrupción, beneficio personal, tráfico de intereses, servilismo), algo así como una especie de subcultura, en la que no priman los valores que la Sociedad mantiene como superiores, sino una escala completamente diferente, pero, públicamente, desechada (entonces viene el legislador y declara que la vida es el bien jurídico superior del hombre, pero ese mismo legislador, asesina a sus enemigos políticos o por lo menos les pega la paliza de la vida).

La democracia participativa es en el Ecuador un cometa que está a años luz de nuestra realidad, pero todo intento de acercarlo es positivo. Si la información que nos llega está viciada, por la calidad del filtro, es hora de producir información de manera independiente, de fácil acceso y llegada efectiva. Lograr que la información llegue casi en los puros datos, sin ningún sesgo de ninguna naturaleza, para que el hombre aprovecha y tome lo que a su conciencia le convenga, es una tarea decisiva en lograr que el ciudadano común se interese, cuando se dé cuente que algo está mal y que lo puede cambiar.

Sólo así podemos romper el círculo infame al que me refiero, pues el narcótico que llega a través de los medios masivos de comunicación (creo que le nombre correcto es ése, no medios de información) tiene postrados a los hombres.

Gustavo Arosemena dijo...

Marco, Jose Maria, gracias por sus contribuciones

Marco yo creo que tu reformulación de la pregunta merece otro post, menos discursivo, mas práctico que el mio! Cosas concretas que se puedan hacer.

Yo creo que el post anterior tiene algo de desvergonzada publicidad, porque una de las respuestas a la de como acercarnos a la participación democrática es a través de la creación de medios independientes... o la forma fashion de decirlo "indy media", y yo creo que marco estará de acuerdo de que esa es una de nuestras intenciones al formar este pequeño blog.

Me parece interesante la perspectiva de Jose María de "presentar solo los hechos", pero me pregunto si esto es siquiera posible puesto que el uso del lenguaje rara vez termina siendo neutral. Pero en todo caso es algo que hay que intentarlo.

A la presentación básica de los hechos yo añadiría que presentar posturas ideológicas que vengan de la periferia del poder, presentar construcciones alternativas de la realidad, es algo fundamental.

En un proximo post pondré algo de literatura que circusncribe los temas que estamos tratando.

Sobre si la democracia refleja no las maldades de una clase dominante, sino la maldad general de la población, solo puedo decir que este me parece excelente tema. Me da miedo pensar que nosotros tenemos la democracia que merecemos y que en ese sentido no hay victimas. Esto sería como una convalidación empírica de la teoría del pecado original, pero aun asi no implica la nececsidad del sufrimiento que padecemos por culpa de nuestra clase política.