martes, marzo 07, 2006

Burocracias privadas y abuso de la privacidad

El libro de George Orwell, 1984, representa de forma magnífica la alienación del invidivio frente al poder de las burocracias totalitarias.

En el mundo de 1984 reinan enormes jerarquías impersonales que deciden la vida de los individuos. El hombre común es sometido a un escrutinio constante por una burocracia omnímoda que carcome los márgenes de su vida privada so pretexto de servir a intereses institucionales cuando únicamente se sirve a sí misma. Todo esto se suma con una economía socialista para crear un mundo terrorífico, en el que reina un colectivismo atroz que ahoga las diferencias individuales y sistemáticamente arrasa con la humanidad de los que lo habitan.

Esta imágen de la burocracia como fuerza opresora y deshumanizante ha quedado vívidamente plasmada en la mente de los ciudadanos. Se la asocia con regímenes comunistas y en general con el Estado. A esta imágen se contrapone la imágen del capitalismo neoliberal y desregulador, su administración esbelta, su libre empresa, ágil, dinámica y eficiente. El concepto opuesto al demoníaco mundo de 1984 parece ser la ética de servicio del mundo capitalisata donde el ciudadano, que en la esquematización de JFK es ante todo un consumidor, siempre tiene la razón.

Si bien hay mucha verdad en atribuir la alegoría de Orwell a los estados comunistas, no debemos dejar que esta oposición ahogue nuestra capacidad crítica. Esta oposición conceptual de:

1.- Burocracia es igual a Estado, y

2.- Burocracia es opuesta a la libre empresa y a la iniciativa privada

resulta peligrosa cuando esconde el creciente poder de las burocracias privadas que solo aumenta en la desregulación capitalista.

Existe una inmensa cadena de mando de extensión internacional y de estructura totalitaria en la empresa privada. Mientras el consumidor se mantiene dentro de los márgenes que se esperan de él, es posible que esta estructura le sea transparente, pero en el momento que sale del curso que la empresa ha prescrito para la satisfacción de sus necesidades, se topa con una estrcutura laberintesca, opaca e inflexible, que existe primordialmente para su propio beneficio.

Todos hemos vivido pequeños ejemplos de esto, cuando hemos discutido con las empresas de transporte aéreo, con instituciones financieras o HMOs (Health Maintenance Organizations). Generalmente los problemas son insignificantes, pero mientras aumenta la tendencia a la privatización, y aumenta el tamaño de los mercados, el poder de estas burocracias aumenta, y también su capacidad para vulnerar sistemáticamente nuestros derechos.

No es mi intención de sonar alarmista y construir un problema político por la dificultad de lograr que una aereolínea reembolse unos pasajes, y vale mencionar de paso que mientras no se caiga en condiciones de monopolio, el daño que estas empresas pueden hacer se ve morigerado considerablemente. Pero es necesario mencioanr que ya existen violaciones no triviales de nuestros derechos que pueden ser fácilmente perpetradas por las grandes burocracias privadas bajo una profunda inmunidad, porque su falta de transparencia e inmensa extensión hace difícil la respuesta de la sociedad civil.

Ejemplo de esto es el abuso que se hace a nuestra privacidad y a nuestros datos personales. Las empresas privadas utilizan nuestros datos todo el tiempo, generando perfiles psicológicos con nuestros patrones de consumo. Invariablemente estamos formando parte de miles de bases de datos altamente valoradas, vemos prueba de esto cada vez que recibimos correo electrónico no deseado, cada vez que un buscador nos muestra publicidad concordante con nuestros intereses.

Un patrón de consumo, o de visitas a sitios web, revela muchas cosas a cerca de un individuo, cosas como sus creencias religiosas y políticas, su orientación sexual, sus enferemdades. Cosas que conforman la esfera privada del individuo, datos que el tiene derecho a mantener en secreto.
Cuando el mercado falla, le toca a la sociedad civil intervenir en defensa de sus intereses. Con o sin la mediación del Estado.

Cuando la estructura del mercado y de las empresas que intervienen en el mercado pone en riesgo la privacidad del individuo, es hora de crear estructuras que defiendan de forma efectiva esa esfera privada, que da dignidad a la vida en sociedad, que distingue a la democracia de aventuras totalitarias como la URSS Stalinista o la Oceanía del Gran Hermano.

Sin duda que las transgresiones que he mencionado pueden parecer triviales a algunos, yo discrepo, pero en todo caso, si hay lugar a la duda, creo que cuando se trata de defender la privacidad de los invididuos frente a organismos impersonales y no democráticos como la gran empresa debemos ser intolerantes. No sea que perdamos nuestro orgullo de hombres libres y nos acostumbremos a admitir ojos ajenos en nuestra casa.

1 comentario:

GABRIEL dijo...

Felicitaciones por el blog (que todavia no he leido por completo) en especial por este artículo ya que me siento identificado en la "paranoia" pues esa concepción es real y la estamos viviendo en esta época tan llena de contradicciones.
Como tu dices, existen compañías dedicadas expresamente a recopilar información, construir perfiles y prospectos de consumidores. No solo eso, sino también “algunos gobiernos” pretenden hacer una clasificación de sus ciudadanos y de toda persona que ingrese a su territorio como es el caso de los Estados Unidos por ejemplo. Mediante una ley se faculta a las aerolíneas a entregar información personal de los pasajeros a los servicios de inmigración que en una gigantesca base de datos confiere antes de que lleguen incluso a pisar suelo estadounidense un color que determina el grado de peligrosidad del pasajero. Si rechazas durante el vuelo una copa de champagne o un plato de cerdo puede que ya se te incluya dentro de un grupo basado en los hábitos alimenticios como Musulman o Judio. Suena extremo, paranoico, absurdo, o como quieran llamarlo pero complementados con los cientos de miles de datos que se nos requiere incesantemente en el trasncurso de nuestra vida se puede hacer un perfil bastante preciso de nuestra persona.
En fin, vivimos la época de la ultravigilancia, donde a cuenta de una falsa ilusión de seguridad cedemos nuestras libertades individuales más íntimas, nos rodeados de cámaras pensando que estamos más seguros, aceptamos las intromisiones de los poderes y las instituciones por temor y a la largo plazo interiorizamos la culpa. Próximamente tendremos The Thought Police depurando nuestras conciencias de cualquier pensamiento “oscuro”. Orwell, Huxley o Foucault no fueron visionarios sino seres con observaciones sensibles que presenciaron el inicio del fin de nuestras libertades personales.

Big Brother is Watching You!

****este mensaje será rastreado por los servicios secretos y nos identificaran (a dos Ecuatorianos contrarios al régimen) en sus bases de datos si no lo destruyes en los proximos 15 segundos. 1, 2, 3, 4, 5,......Pum!!!